Como muchos productos dulces, el consumo
de miel también se restringe en personas con diabetes, pero sabías qué se puede
usar de otra manera.
Es
bien conocido que la miel tiene propiedades antisépticas e incluso
cicatrizantes, por ende ayuda a regenerar la piel dañada al tiempo que evita
las infecciones. Según Mayoral y otros (2014): “La miel reduce la infección, estimula en los tejidos tratados la
angiogénesis (formación de vasos), granulación y epitelización, reduciendo el
edema y exudado, así como el mal olor que presentan algunas heridas”.
Esto quiere decir que la miel no sólo
sirve para prevenir infecciones bacterianas, sino que estimula la aparición de
tejido nuevo, algo que es indispensable en las personas con diabetes, ya que su
condición hace que sus heridas sanen con mayor lentitud en comparación con una
persona que no tiene esta afección. Por ende resulta ideal para curar heridas
como ulceras ocasionadas por el pie diabético, así como heridas ocasionadas por
quemaduras, e incluso las ocasionadas por tratamientos oncológicos, ya que
dichas personas se debilitan mucho debido a dichos tratamientos.
Pero, ¿cómo usamos la miel para tratar las
heridas? Es recomendable que lo haga una persona cualificada en el área de la
salud, sin embargo, te presentamos a continuación dos estudios clínicos que
describen cómo hacerlo:
Mayoral y otros (2014), describen:
- En 1º lugar debemos limpiar bien la herida con
suero fisiológico.
- A continuación debemos secar bien, no solo el
lecho de la herida si no también los tejidos adyacentes.
- Después aplicar la miel pura (sin calentar) con
una jeringa sobre la zona deseada, generalmente debemos rellenar 2/3 de la
herida con miel, sin llegar a cubrirla totalmente.
- Por último debemos colocar un apósito
hidropolimérico o gasas que absorban el exudado que se desprenderá de la
herida.
Por otra parte Ramos y otros (2017) indican que
La miel se puede utilizar empapando apósitos
pasivos estériles con miel líquida y fijarlos a la piel con telas adhesivas si
la herida es superficial; cuando son más profundas, se impregnan las cavidades
profundas en toda su superficie con una jeringa
Otro elemento importante que aparece en ambos estudios es la duración
que debe tener la miel en contacto con la herida, en ambos se estipula que lo
normal es que se cambie cada 24 horas, aunque si hay mucha exudación se puede
hacer cada 12 horas.
Es sumamente importante que la miel sea de origen orgánico, libre de
pesticidas, de igual manera que su extracción sea lo más inocua posible, por
ende, es fundamental adquirir miel de un apicultor local o cuya procedencia sea
totalmente fiable. La miel no se debe calentar para esterilizarla ya que perdería
todas sus propiedades, Ramos y otros (2017) describen: “El
uso médico de la miel se realiza de forma estéril mediante radiación gamma,
método que esteriliza y mantiene la acción antimicrobiana”
Te recomendamos desde Apiadi que consultes con un profesional de la salud antes de aplicar dicho tratamiento con miel sobre heridas abiertas, y como siempre te invitamos a adquirir miel de calidad directamente del apicultor, o en su defecto, de empresas que te garanticen la calidad y el origen de la miel.
Ramos y otros (2017). Presentación de casos clínicos
sobre el uso de la miel en el tratamiento de heridas. Perla Terapéutica. [Revista
en línea]. Disponible: https://www.medigraphic.com/pdfs/cosmetica/dcm-2017/dcm174k.pdf
[Consulta: 2021, Marzo 1]
Mayoral y otros (2014): Beneficios de la miel en la
cura de heridas. [Documento en línea]. Disponible: https://www.enfermeriadeciudadreal.com/beneficios-de-la-miel-en-la-cura-de-heridas-210.htm#:~:text=%C3%9Alceras%20por%20presi%C3%B3n%20y%20pie,y%20compuestos%20azufrado)%20y%20su
[Consulta: 2021, Marzo 1]
